- Quiero compartirte algo que nos atrapa a todos sin que casi nos demos cuenta: el miedo. No siempre viene como un terror grande y evidente; muchas veces llega disfrazado de prudencia, de precaución o de sentido común… y se convierte en una trampa que nos paraliza y nos impide avanzar en lo que Dios nos ha llamado a hacer.
El miedo puede atraparnos, pero la Palabra de Dios nos conduce hacia la libertad
El
miedo nos dice: «No te atrevas»
El
miedo siempre habla lo mismo: «¿Y si te equivocas? ¿Y si sale mal? ¿Y si no
eres suficiente?» Nos pinta el futuro lleno de peligros, nos agranda las
dificultades y nos hace sentir pequeños frente a la tarea. Y entonces, en lugar
de confiar, nos detenemos. En lugar de avanzar, nos quedamos quietos.
Pero
la Palabra de Dios nos dice algo muy distinto:
«Porque
no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio
propio.»
—
2 Timoteo 1:7
Fíjate
bien: el miedo no viene de Dios. Él nos dio poder, amor y mente sana. El miedo
que nos paraliza es una trampa del enemigo, puesta para que nunca lleguemos a
lo que Dios preparó para nosotros.
Cómo
caemos en la trampa
El
miedo entra cuando miramos las circunstancias en lugar de mirar a Dios. Vemos
el tamaño del problema y olvidamos el tamaño de Aquel que está con nosotros.
Empezamos a calcular riesgos, a imaginar fracasos… y terminamos diciendo:
«Mejor no lo intento. Mejor me quedo aquí, donde estoy seguro.»
Y
ahí es donde nos atrapa: lo que llamamos «seguridad» se convierte en prisión.
Porque Dios nunca nos llamó a estar seguros; nos llamó a confiar.
«¿No
te he mandado que esfuerces y seas valiente? No temas ni te desalientes, porque
yo, tu Dios, estaré contigo a donde quiera que vayas.» — Josué 1:9
¿Notas
lo que dice? «Yo estaré contigo.» Esa es nuestra seguridad. No en que todo
salga bien, no en que no habrá dificultades… sino en que Él va con nosotros.
La
mentira que el miedo nos cuenta
El
miedo nos susurra: «Si te lanzas, vas a caer. Si confías, vas a perder.» Pero
es mentira. La verdad es esta:
«El
que teme no ha sido perfeccionado en el amor.» — 1 Juan 4:18
El
miedo nace de creer que Dios no es tan bueno, ni tan poderoso, ni tan fiel como
dice que es. El remedio contra el miedo no es ser más valiente por ti mismo,
sino conocer mejor a Dios. Cuando entiendes quién es Él y cuánto te ama, el
miedo empieza a desaparecer.
Y
también recuerda:
«Dios
es nuestro refugio y fortaleza, socorro muy pronto en la angustia.»
Salmos
46:1
No
dice que no habrá angustia. Dice que Él está ahí, muy cerca, cuando llegue.