- Quiero hablarte de algo que todos corremos el riesgo de perder, sin darnos cuenta de su valor hasta que ya no lo tenemos. No es dinero, ni salud, ni posición. Es algo mucho más precioso: nuestra fe, nuestro amor, nuestra fidelidad al Señor. Y quiero compartirte por qué debemos cuidarlo con todo el corazón.
Dice la Palabra:
«¿Qué aprovechará al hombre ganar todo el mundo, si pierde su alma?» — Marcos 8:36
Puedes acumular muchas cosas, pero si pierdes lo eterno, ¿qué ganaste? A veces nos preocupamos tanto por lo que tenemos que olvidamos lo que somos. Nos afanamos por cuidar bienes que se pueden romper, y descuidamos lo que ningún dinero puede comprar: nuestra relación con Dios.
El apóstol Pablo nos lo dijo con claridad:
«Procurad con diligencia confirmar vuestra vocación y elección.» — 2 Pedro 1:10
No es algo que se consigue una vez y ya está. Es algo que se cuida cada día.
Cómo se pierde sin ruido
Lo más triste es que no se pierde de golpe. Nadie decide: «hoy dejo de amar a Dios». Se pierde poco a poco:
• Primero dejas de valorar la Palabra como antes
• Luego la oración se vuelve breve, o se olvida
• Después la comunión deja de ser algo que anhelas
• Y sin darte cuenta… aquello que era todo para ti, deja de ser lo primero
Por eso nos advierte la Escritura:
«Mirad, pues, no sea que lo que esperábamos se nos escape.» — Hebreos 2:1
Se nos escapa, como agua entre los dedos, si no lo sostenemos con cuidado.
Tres cosas que nunca debemos soltar
Hay tres tesoros que debemos guardar con la vida:
1. La fe
«Retengamos firme la profesión de nuestra esperanza.» Hebreos 10:23
No la dejes enfriar. No la cambies por nada de este mundo. Es el ancla que sostiene tu vida.
2. El primer amor
«Acuérdate, pues, de dónde has caído, arrepiéntete y haz las primeras obras.» — Apocalipsis 2:5
Recuerda con qué gozo conociste al Señor. Vuélvelo a buscar con ese mismo corazón. No dejes que la costumbre reemplace el amor.
3. La perseverancia
«El que perseverare hasta el fin, este será salvo.» Mateo 24:13
No importa cuánto avancemos; lo que cuenta es llegar hasta el final. Muchos empezaron y no terminaron. Que no sea tu caso.
Lo más hermoso
Si sientes que algo se ha enfriado en ti, aún no lo has perdido del todo. Mientras hay vida, hay regreso.
«Vuelve, y di: He pecado, y me he desviado… y volveré a ti.» Lamentaciones 3:40-41
Solo tienes que volver. Él no te rechaza. Te espera. Lo que sientes que se alejó, puede recuperarse hoy.
Cuida tu fe. Cuida tu amor. Cuida tu relación con el Señor. No hay nada en este mundo que valga tanto como eso. No lo pierdas por nada.
Mantente firme. Avanza. Y nunca, nunca lo sueltes.